martes, 25 de septiembre de 2018

Un mosquito se metió en mi nariz

Un mosquito se metió en mi nariz. Después de estornudar tres veces, mientras limpiaba mi flujo nasal con una servilleta vi de reojo las hormigas que intentaban entrar al hoyo de su hormiguero, me sentí un poco culpable por haberlo tapado con bastante pintura.
Unos minutos antes, mientras esperaba que la llovizna terminara para comenzar a pintar afuera, me senté sobre unas mantas dobladas que se utilizan para proteger el piso
Comía un sándwich de jamón y tomaba un jugo de mango cuando el mosquito suicida interrumpió mis pensamientos sobre mi claustrofobia.
Usualmente no tengo tanto problema en matar algún insecto cuando se interpone en mi trabajo, pero cuando tengo que tapar su guarida sabiendo que en el interior del hoyo hay cientos de hormigas que posiblemente morirán asfixiadas o de hambre al no poder salir a la superficie; siento remordimiento.
No es la muerte lo que me incomoda; sino la forma de morir.
Soy un agnóstico que cree en el karma y en el amrak.
En realidad el amrak es un invento mío. Le llamo así a aquella situación en la que el karma se aplica de manera opuesta, como aquel día en el que estaba pintando una pared y una colmena se me atravesó; me detuve para permitirle que se alejara volando y un par de horas después recibí una llamada de la escuela de mi hijo para decirme que fuera por él porque le había picado una colmena.
En el patio trasero de mi mente, siento temor de morir encerrado sin poder moverme, así como el mosquito.
Eso de tener fobias es un fastidio.
Me termine el sándwich y la lluvia se disipó,  disfrute el último sorbo del jugo sólo para comprobar que en mi área de trabajo había otro hormiguero que necesitaba ser tapado.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Claridad

Me gusta manejar de noche por la autopista. La obscuridad me motiva a enfocarme en el camino, a escuchar el sonido del motor, sentir la conexión que surge entre el vehículo y yo, la coordinación de la vista con las manos al mover el volante.
Ocasionalmente veo pasar algún conductor sosteniendo en la mano izquierda un cigarro y el volante, con la mano derecha textea en su celular, en el asiento del copiloto le acompaña la inquietud y en la cajuela la tranquilidad.
Yo prefiero alargar al maximo esa experiencia, sentir como se relaja mi mente.
A veces noto que se esconde alguna patrulla en un lugar estratégico o un pensamiento que esperaba un momento de tranquilidad para manifestarse con mayor claridad.

sábado, 16 de agosto de 2014

Arma de destrucción masiva

Cuando tuve que atender un curso para aprender a manejar montacargas o forklift, se nos explicó que éste es considerado como una arma que puede causar daño grave al conductor o a terceras personas.

Es evidente del peligro que surge al manejar ese vehículo si no se hace con precaución, pero noté que la palabra "arma" de algún modo activó ciertos sensores que incrementaron mi atención, que estiraron el concepto del peligro y en consecuencia, lo importante que es el poner atención en las decisiones que se tomaran al manejar.

Ahora, muchos años después, me pregunto porque cuando a un niño ha aprendido que tiene dos piernas, dos brazos, dos ojos, una nariz etcétera; usualmente no se le explica que también tiene un cerebro, el cual puede ser una herramienta muy útil para cargar conocimientos, mover reflexiones, levantar pensamientos, pero si no se es cuidadoso al utilizarlo, puede causar mucho daño a uno mismo o a las personas que lo rodean. El cerebro puede ser un arma de destrucción masiva.

Quizá al enfatizar las grandes cualidades de nuestra mente y se habla honestamente de lo importante que es la información que le introducimos, podría resurgir el civismo que tanto hace falta en estos días y con un poco de suerte, hasta se reducirían las telenovelas y los programas de reality tv.

Soñar no cuesta nada.

viernes, 15 de agosto de 2014

Los Hackers son como los Brujos

Hackers son personas que desarrollan su capacidad para accesar a sistemas a los que tiene prohibido el acceso. Dicho de otra manera, se esfuerzan por controlar algo que esta fuera de su alcance, y me da la impresión de que la mayoría de las personas tratamos de hacer lo mismo, es decir; nos esforzamos para controlar aquello que nos limita, nos controla.

Hay Hackers que utilizan sus facultades para afectar a otras personas solo por la diversión de causar algún daño, otros lo hacen para sacar ventaja económica y hay también algunos que deciden ser como Robin Hood al compartir con la población la información robada a organizaciones poderosas sin recibir remuneración alguna.

Los Hackers son como los Brujos modernos, hay buenos y malos. Sin importar la ubicación geográfica, pueden afectar al tener solo una "prenda" informática de sus victimas; se apoderan de sus vidas ciberneticas que algunas veces es inclusive mas intima que la vida publica, también pueden llevarlos a la quiebra económica y/o moral al sacar sus trapitos al sol.

Se podrá argumentar que si no se es supersticioso, la brujería no es tan efectiva como son los ciberataques, que por mas ajos y listones rojos que le pongamos a la computadora, siempre existirá el riesgo de ser victima o quizá ya lo somos.

Podremos descalificar esas acciones, podremos despreciar ese abuso que proviene de personas desconocidas, completamente ajenos a nosotros, sin que ni siquiera hubiera existido alguna provocación de nuestra parte, pero la realidad es que la gran mayoría hacemos lo mismo. En la búsqueda de controlar nuestro destino pisamos los derechos de personas desconocidas, indefensas, marginadas, algunas veces con los zapatos de apatía, otras de complicidad.

Quizá los Hackers están motivados por su ego, su necesidad de sentir que son mejores que los demás, lo cual podrá no ser tan diferente a la motivación que tenemos la mayoría de las personas en los lugares de trabajo o en la mirada perdida frente a los casos de explotación social, natural y moral.

Tratamos de Hackear nuestro destino, nuestra realidad, para adquirir la satisfacción de que nuestra vida tiene sentido.

Caemos en la ley de la selva donde tiene mas probabilidades de sobrevivir el mas fuerte, hábil e inteligente, y donde se olvida que todos somos simplemente seres humanos, efímeros, mortales.

Al ayudar al necesitado, al reparar el medio ambiente, al re-calibrar nuestros deseos, nos distraemos de nuestro progreso en la jerarquía imaginaria.

En esa superstición basamos nuestras reglas sociales para poder dormir tranquilos.

Dulces sueños...